Cuadragésimo séptimo desahogo cuando el amor miente

Published by desahogandome under on 7:52:00 p. m.

No sé si habrá alguien capaz de creerme: soy un mentiroso. Por un lado nada de cuanto escribo es verdad; por otro, no hablo. Y aún mudo miento…
… desde que vendí mi amor por nada. Nadie me lo robó.


Estos días de ciclones, gracias y desgracias, no muy distintos de los de la semana pasada hace un año, estas madrugadas igual de diferentes y siempre puntuales, sigue el amor mareando mi única neurona sana. Aquella que escapó arteria abajo (o vena ¡qué sé yo!) y quedó varada en el centro de mi corazón, en la entrepierna. O por allí pasó, no lo recuerdo…
… desde que vendí mi amor por nada. Nadie me lo robó.


Pues bien, hablé con ella ayer. Con la neurona. Loca quiso que la llamara. No atendí a su petición pero abrí bien mis oídos tras orientar mis orejas al susurro, pues quería escuchar su voz, más allá del eco y del dolor que me causaba…
… desde que vendí mi amor por nada. Nadie me lo robó.


Después de hacerme saber sus intenciones con seseos, tonos graves y sonrisas, Loca partió. Ahora no sé dónde buscarla en mí, ni tengo qué vender.


Fdo.: el mentiroso que sufre amando si no sufres al amarle y que redescubrió el amor al verla partir toda loca e ilusionada.

p.d.: Hoy quiero ser neurona, aún a riesgo de sufrir un nuevo infarto.

Cuadragésimo sexto desahogo, cada mañana...

Published by desahogandome under on 10:00:00 a. m.

Me muero
No mi cuerpo, pero me muero
No mi mente, pero me muero
No mi espíritu, pero me muero
Algo en mí muere cada día al escuchar el sonido de los altavoces del mundo.


Luego aparecéis (os busco) y sonrío
Y revivo, no el cuerpo
Pero revivo, no la mente
Pero revivo, no el espíritu
Algo en mi nace cada día cuando compartimos estas pequeñas cosas
Cuando imagino vuestra sonrisa después de pulsar las teclas
Cuando aprendo que también algo se os muere al escuchar el sonido de los altavoces del mundo.
Cuando aprendo que también revivís al mirar a los ojos de gente, queriendo dar y recibir de igual manera.
Revivo, como vosotros, al contemplar el juego de un par de corazones infantes puros.

Cuadragésimo quinto desahogo el día que creí en la utopía

Published by desahogandome under on 10:11:00 a. m.



Me dieron un mes para cambiar el mundo
Al principio me sentí entusiasmado, al pensar que creían en mí
Ya lo esperaba, sabía que llegaría el momento
Me remangué, me solté el nudo de la corbata y quise priorizar
Pero eran tantos los hombres con problemas
Que no supe por dónde empezar.
Me dieron un mes y quedaban tres semanas
Y el mundo era tan grande y eran tanto el hambre
Que sólo no podía
Tuve que pedir la ayuda que tantos me prometieron
De aquellos que me eligieron para cambiar el mundo
Tres semanas lejos de mi casa, puerta a puerta
Escuchando vuelva usted mañana que hoy tengo prisa
Pero el hambre y el horror seguían girando con el mundo
Lejos de aquellas burguesas mansiones
Y sólo los corazones hambrientos me cogían de la mano
Y pasó el mes y aunque luché nada había cambiado
El poder seguía en las mismas manos de hierro
Y la avaricia como un imán a ellas pegada
Así que lloré porque no fui capaz de juntar corazones suficientes
Y porque defraudé a aquellos a los que tanto prometí

Y entendí que el poder jamás cambia de manos
Y que no son suficientes un millón de corazones puros
para derrocar a un solo corazón avaricioso.

NO ES UN DESAHOGO, ES UNA VERGÜENZA

Published by desahogandome under on 5:56:00 a. m.
Y yo me pregunto, cuando despertará la sociedad civil!!




Copiado el enlace de: http://selma-desdemijaima.blogspot.com/

Cada cual que extraíga sus propias conclusiones.

p.d: el que tenga los huevos de hablarme de daños colaterales, adelanto es un auténtico hijo de la gran puta, así como se entiende en castellano.

¿Quién pueder ser tan humano de madar matar? (declarar guerras). Deberían morir ellos... pero para eso está el pueblo, para matar y morir como borregos.
Ya son muchos los gobiernos que debieran ser asaltados pacificamente por la masa social. La Casa Blanca la primera, y el gobierno israelita el segundo (después el de cada casa, que ya está bien que entre prensa y políticos nos tomen por lelos)

Perdonad, es el insomio... tal vez debí desahogarme y punto...

cuadragésimo cuarto desahogo por la fruta que nos prohíben

Published by desahogandome under on 11:25:00 a. m.

Quise morder una fruta prohibida, porque era dulce y porque no causaba muerte.

Mas obviamente estaba prohibida por el poder que prohíbe, quién si no.

Me pregunté: ¿por qué?

Nadie dudaba de que el poder sí las comía, las más dulces primero. Así que tome la fruta y no solo la mordí sino que la saboreé entera (y pensé seguir haciéndolo).

Mi sorpresa fue mayúscula cuando mis iguales comenzaron a recriminarme el delito, algunos a voz en grito.

Yo rogaba: "¡probadla, es deliciosa, nos engañan!”. Pero está prohibido, insistían, comiendo las frutas podridas que enviaba el Poder a cambio de respetar la prohibición.

Bastaba con que el poder lo prohibiera.
Hay quien hace de la ley ética” ¡grité! “Quien confunde lo inmoral con lo prohibido, y viceversa”.

Mi sorpresa fue aún mayor al descubrir que a nadie le importaba su sabor. Sólo unos pocos mostraron curiosidad humana.

El resto sometimiento a cambio de un trocito de pan.
Me pregunté cómo es posible que el hombre sea tan poco hombre. O tanto, precisamente.

El poder es un hombre, o cientos. De carne y hueso, como el resto, que toman frutas que prohíben para asegurarse sus privilegios, como los gobiernos y quienes a ellos se abrazan son el cáncer de la humanidad.
No seré “sociedad civil”, porque ésta siempre ha sido servil. Servil para matar y también para morir: ¿por quién? ¿para qué?
Pienso vivir comiendo de todas las frutas que estén a mi alcance… siempre que alguien a mi lado no tenga más hambre que yo.

Cuadragésimo tercer desahogo recordar como vivir de nuevo

Published by desahogandome under on 2:10:00 p. m.

Conocía la definición pero no recordaba la palabra.
Quería investigar más, cuando nuevos descubrimientos abrían nuevas puertas.


Mas en tu ausencia me era imposible.
Simplemente recordaba:

A (el) calor de una chimenea en invierno Ante el viejo objetivo de la 8 mm Bajo la mesa principal del banquete de bodas Cabe la barandilla y el vértigo de aquel balcón Con arena salada envolviendo nuestros cuerpos Contra las estrechas paredes del escusado del avión De frente al espejo de cada habitación Desde antes de usar la razón y aún ahora En la oficina lejos de las cámaras de moda Entre en público de aquel teatro Hacia el destino elegido guiando mi auto Hasta que algún día el cuerpo no aguante Para siempre hoy y mirando adelante Por toda la casa durante el fin de semana Según dicta el instinto más humano Sin miedo al infierno pecando sudando So pena de olvidar la única vez primera Sobre hierba fresca y la luna llena en primavera Tras el confesionario de la Iglesia del barrio.

Cuando espero recordando, en tu ausencia, sufro.
Solo entonces, no lloro y recuerdo. Porque quiero vivirte de nuevo.