Septuagésimo quinto desahogo: una receta (contra la envidia y la incompetencia)

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Dan ganas de no respirar
Después de contemplar tanta impune inutilidad
Mas no puedo solo porque no quiero
Pero sí: dan ganas de no alimentar:
El ego barato y ajeno que mantenemos
La baba colgante del ignorante ante el farsante
La estupidez elevada a las ondas hertzianas
La alfombra roja donde tropiezan los sinvergüenzas
Y que extienden bajo sus pies los bobos solemnes
De los que compran y venden
Y es que: dan ganas de salir corriendo
En dirección opuesta al camino radiado
o directos a la yugular del legislador amoral y barato.

Pero solo tengo: ganas de abrazar por siempre
El calor de una madre aunque no esté presente
A mi niña decente que respira a mi lado
A la mujer que habite mis deseos colmados
O el rumor de un acorde que viaja en el viento
Porque solo por ellos consigo: respirar.