Sexagésimo octavo desahogo, el día a día con amatxu ausente

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Te estimo.
Mientras abrazo una estrella fugaz: lenta y fría.
Es más: te deseo.
Cada vez que miro al cielo y veo que allí no estás.
Y aún más:
porque el sigilo tuyo es para no despreciar.
Te valoro. Más por mí.
Cuando esos ojos abiertos e incoloros no dejan de escuchar.
Sí, te quiero; como a más:
la suma no es avaricia si se sabe investigar.
Te adoro. Cada día más.
Copy-Paste: "como se adora a dios ante su altar".
Te idolatro, idolatrada mía;
a los espíritus es imposible engañar.
Fui tu capricho, ¿lo sigo siendo?
El amor sin viceversa: una ensalada sin sal.