cuarto desahogo sobre verdades de verdad, no siempre

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El valor de la verdad es la verdad en sí misma; la realidad como la irrealidad devuelta por un espejo, sin el añadido valor de lo cierto, no es sino un hecho más cualquiera, inconsciente o intrascendente. La cuantificación de esa verdad fluctúa de forma directamente proporcional al valor que otorgamos a quien la manifiesta. Un mentecato mentiroso no dice verdades, nunca. No significa ello que mienta, siempre.


Existe la verdad, la sincera y la engañada. También la escondida que aunque no se vea, cuando se encuentra, es verdad normalmente siempre. Pero estamos de acuerdo en que la verdad existe. Tu verdad y mi verdad, sin tener que ser la misma, existen, ambas siendo sólo una verdad posible. Es por tanto tu mentira entonces, parte de mi verdad. Y de mi mentira.


O viceversa. No son sólo palabras, de verdad.


Existe, la verdad, quedamos en que existe. Sí. La verdad que sólo puede quedar una; y que no mienta. Con la verdad que siempre ha existido me pregunto, sabedor de que la mentira es siempre más rápida, si se alcanza algún destino caminando con el lastre de la verdad más verdadera Y la verdad, como la felicidad, voto a bríos, sí que existen. Como el hombre. Dios en cambio es, lo más, verdad imaginada aún no hallada.

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