Sexagésimo segundo desahogo desde la calle
Published by desahogandome under on 8:17:00 p. m.
Escucho alto y claro el sonido de los sables en mi cerebro
Al compás del latido de mi corazón sereno
La mañana salió gris, la calle está fría, tal vez no quería, volver a la vida.
El dolor es un aval eterno que escapa al entendimiento
A veces tan deseado como un oasis en el desierto
Que se da y se regala;
La calle espabila, vicente camina, no hizo falta guía.
Cada vez chirría más el agudo sonido del acero
Cada paso que doy estoy más lejos del momento
Todo llega si esperas;
La calle diría: ya se hizo de día y llegó la jauría.
Te regalo princesa la estrella fugaz de los pensamientos
Cierra los ojos y verás como se fugan felices los presos
La libertad tiene precio;
La calle no olvida que mañana habrá vida y no hay garantías.
Conoce deprisa la dicha de los que no están enfermos
Contempla sentado, de brazos cruzados, rasgándote el pecho
El olor del recuerdo;
La calle maldita se bebe y vomita igual si es bendita.
Es la paciencia un don de experiencia y merecido deseo
Como sentir el calor al rozarte la piel la nieve de enero
Mas todo se acaba;
La calle vacía donde nadie moría, así nos decían.
Al final de este viaje finito dicen que hay un sueño:
La voz del recuerdo: la estrella fugaz de los pensamientos
Se acabó el recreo;
La calle dormita y oscurece deprisa...
… cuando todo está por vivir:
¡De qué sirve morir abandonado si cualquier leve brisa maneja a su antojo las almas olvidadas, que ni se encuentran, ni saben buscarse!